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AS NOCHES... FUNDACIÓN

DIARIO CLARÍN/ SECCION ESPECTÁCULOS/ COLUMNA DE OPINIÓN/ VIERNES 14 DE AGOSTO DE 1998.

Por Gustavo Schraier (Productor) *

Un 19 de marzo de 1998 se conmemoraban dos años del fallecimiento de Niní Marshall, y la Fundación Banco Patricios había decidido homenajearla con la muestra titulada As noches muchachos… Niní. Ese infortunado día se recordará también por otro deceso, o por el comienzo de una dolorosa agonía que terminaría en muerte. A las 15 era suspendido el Banco Patricios, y cuatro horas después, la Fundación del mismo banco inauguraba su última muestra, sin que las 600 personas del público supieran absolutamente nada.

Al Banco Patricios S.A. le habían decretado un cáncer fulminante y la metástasis le tocó de rebote a la Fundación. Luego sobrevendría una lenta enfermedad terminal que acabaría con el edificio de Callao y Sarmiento abandonado, oscuro y desangelado.

Unos meses antes,  a fines de 1997, empezó a gestarse la que sería la programación teatral 1998 (Kvetch de Berkoff, Taíbele y su demonio de Bashevis Singer) y a construirse en su sótano una sala de teatro experimental, un sueño propio que casi llegué a concretar y en el que había programado un espectáculo de Eva Halac basado en Kafka; otra obra de Berkoff, Greek; y Cachetazo de campo, de Federico León. Salvo Kvetch, nada se pudo concretar.

La Fundación Banco Patricios era el único centro cultural dependiente de un banco que tenía tres teatros, salas de exposiciones, universidad de posgrado, biblioteca y confitería y que tal vez fue más popular que el banco que le dio vida y, vaya paradoja, le dio muerte.

En 10 años pasaron por sus salas más de 1.000 artistas; cerca de un millón de espectadores disfrutaron de sus espectáculos y otro millón vio sus exposiciones. Disertaron en su centro cultural figuras nacionales e internacionales. Sus espectáculos fueron galardonados con varios premios y sus muestras recibieron excelentes críticas, lo que lo transformaba en un importante referente de la cultura en la Argentina.

Por eso no puedo entender el silencio posterior a su muerte. Como si el estigma de pertenecer al banco “de la galerita” fuera suficiente como para culparla de todos los males del país. Casi ningún artista (salvo Luis Brandoni, Claudio Gallardou, Norman Erlich y la familia de Niní), de los más de 500 que pasaron por sus teatros, llamó para ver cómo podían ayudar. Ninguno, del millón de espectadores que tuvo, se enteró del velorio y, si lo hizo, no mandó flores. La Fundación Banco Patricios murió de la peor manera que se puede morir. Murió de indiferencia.
 
* (Ex gerente artístico de la Fundación Banco Patricios y actual productor ejecutivo de La Bella y la Bestia.) 

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